La Lecheria

 



En 1954 mi Oji, Choey,  decidió mudarse a la Av. Venezuela en Breña, los Agarie estaban traspasando una lechería, dejó a Roberto Kizoka la tienda del Callao y tomó la oportunidad.  Después de haber progresado con varios negocios era el momento de emprender algo mayor.  Las cuadras 9 a la 11 de la Av. Venezuela era una especie de “Little Japan”, se habían establecido varios negocios de migrantes japoneses, es el barrio donde mis papás se conocieron, donde mi familia encontró amigos entrañables de toda la vida y yo pasé parte de mi infancia y adolescencia.  En la Venezuela ya estaba el bazar el Sol de Yamazato, el restaurante de Kanashiro, el bazar de Nakamine, el estudio de Umezaki, la loceria Yolanda y la panadería la Perla del Progreso de Nakandakari que luego fue traspasada a mi Oji Yoza.  También se establecieron la bodega de Horikawa, la verdulería de Sashiki, la loceria de Kuroiwa, la pulpería de Terukina  y  la camisería de Agarie entre otros.  ¿Cómo es el destino?, he descubierto que este barrio también es parte del pasado de algunos de mis mejores amigos.  

Sacar adelante la lechería fue un duro trabajo, los Yoshidaira habían acondicionado un  pequeño dormitorio al fondo de la tienda, separada de la misma con unos tablones de madera.  Se levantaban a las 3 am, a las 3 y 30 am compraban 60 litros de leche en porongos, la leche se tenía que filtrar con unas telas tipo gasa, se hacía hervir parte de la leche y otra la vendían cruda por litro.  A las 6 am ya tenían que tener todo listo para el desayuno, los comensales hacían cola para ingresar temprano porque tenían que ir a trabajar.  La lechería tenía unas mesas de mármol para 4 personas,  se iba de mesa en mesa con un jarrón de leche y otra de café y se servía el café con leche en unos vasos de vidrio grande en V, como los de gelatina.  Vendían panes con jamón, queso y hotdog, los hotdogs los mantenían calientes en baño maría con un pequeño primus.  También vendían  salchicha de huacho, torrejas de carnero, caucau, tallarines rojos, asado, hígado o riñón saltado, ya desde ese entonces a la gente les gustaba los combinados como los tallarines con caucau y además había opciones económicas como el pan con jugo de asado, sí, solo con el jugo.  Para la media mañana tenían leche asada, leche vinagre y papas rellenas, mi mamá se hizo experta en papas rellenas, le salen simétricas, ovaladas que terminan en punta y con una fritura externa homogenea, sin haber chupado mucho aceite y sobretodo sin aceituna en el relleno, odio las aceitunas, son como el cáncer, se infiltran a su alrededor. 

No eran los únicos que vendían desayuno en la zona, en la esquina con la calle Loreto los Kanashiro tenían un restaurante y poco tiempo después los Nakahodo abrieron una lechería al frente, así que bajó un poco el negocio y tuvieron que ampliarlo y vender almuerzo y cena.    El Oji también consiguió otra licencia para funcionar como bar en la noche, vendía pisco y coñac por copa o botellas, y el horario del  negocio siguió creciendo hasta la 1 de la madrugada.  En la tienda trabajaban mi Oji, Oba, tía Nobu, mi mamá y Porfirio, realmente tenían una capacidad de trabajo increíble.

El Oji se encargaba de la logística, compraba los insumos y se encargaba de arreglar todo, tenía una habilidad única para detectar las fallas y arreglarlas.  La reina de la cocina era mi oba, según mi mamá ella tenía una sazón increíble y que mi tia Nobu, que cocinaba delicioso, no se le comparaba.  ¿Cómo es?, para cada uno la sazón de su mamá es la mejor.  Rury, la mayor de mis primas, vivió de niña un tiempo con mis Ojis en la lechería, creció entre sabores y aromas,  tal vez por eso también cocina tan bien.  Mi mamá se encargaba también de los saltados, y ya cuando vivíamos en Pueblo Libre y en el restaurante que tenía, me encantaba ver como preparaba el lomo saltado, como el fuego se metía en la sartén o como los ingredientes saltaban por el aire,  ahhh y por eso mi mamá tenía unos brazasos de Popeye.  


  

Porfirio era un empleado de mi Oji, muy trabajador y leal, lo apoyó para estudiar para técnico de artefactos eléctricos y pudo independizarse, pero nunca perdió el contacto y siempre estuvo muy agradecido con él.   

Pasó el tiempo, en 1956 alquilaron un departamento en el edificio San Juan, en 1957 tía Nobu se casó y se fue a vivir a Chiclayo y por 1966 el Oji dejó la tienda a tío Lucho y se fue a emprender a Piura, pero esa ya es una historia para otra entrada al blog.


Notas

1) Para ubicarnos en el espacio, la lechería quedaba en el 1016, al costado del bazar el Sol, la panadería de los Yoza en el 1032, el edificio San Juan en el 1036 y el de Don Pedro en el 1052. Me acuerdo del local cuando ya era una pollería, no era muy ancha pero si profunda.  

2) Dedicado a la nueva generación por venir


BONUS TRACK

1) Comentario de Rury:  "Tantos recuerdos en mi mente ..... porfirio ..... tenia que rayar pan si queria apanado....o los huevos sancochados ó  gritar porfirioooo lomo saltado sin cebolla y sin tomate.....ir a la panaderia de los yoza
......o acompañar a tia ayako al depa y bailar y escuchar al duo dinamico ....favorito de la tia ayako ....."

2) Porfirio Melgarejo, adquirió un terreno en Comas y consiguió salir adelante



Comments

  1. ¡Muy buenos recuerdos!
    A veces olvidamos lo que significa el trabajo duro y el emprendimiento (además de la frugalidad) como bases para que tu familia progrese. Cuando escucho comentarios de jóvenes que dicen que "el sistema o la sociedad no dan oportunidades de mejorar" o "que son pobres porque los empresarios y los ricos te explotan", deberían leer historias como ésta... ¿Se levantarán a las 3 de la mañana para empezar a trabajar o estudiar? ¿Tratarán de innovar cuando tengan la competencia al frente? ¿Aumentarán su horario de trabajo hasta las 12 o 1 de la madrugada cuando haya la oportunidad?... La mayoría dirá: "Nooo pues, eso no es vida", o: "¿Para qué sacrificarse tanto, si el dinero no da felicidad", o simplemente pensarán que esta historia es inventada porque "No creo que una persona trabaje tanto".
    Los abuelos lo hicieron para que sus hijos tengan una mejor vida, y para que sus nietos puedan tener la educación que ellos no tuvieron "la suerte" de tener. No pensaban en ellos: Pensaban en su familia y su legado a la posteridad. Ahora muchos somos inmediatistas, y queremos que "las cosas cambien ¡Ya!". Y cuando vemos que no progresamos y seguimos estancados o más pobres, le echamos la culpa a "la sociedad", al "imperialismo", al "gobierno" o a "los ricos"... No voy a decir que la sociedad, el sistema económico o los gobiernos sean buenos o perfectos (pues es todo lo contrario). Pero si el país donde vives es libre, no tienes tantas excusas. Pues es más fácil echar la culpa a los demás por no ser lo que queremos ser, sin esforzarnos como hicieron muchos héroes dentro de nuestra misma familia, tal como el protagonista de esta hermosa historia de superación, y que como dice el autor, no valoramos lo suficiente cuando somos jóvenes.
    Choey ahora estará muy orgulloso de sus nietos, donde quiera que esté...

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